18 septiembre, 2013

Crónicas de una boda

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No sabría explicar con claridad el porqué, pero lo cierto es que, cuando observo  la Ceremonia Nupcial, mis ojos siempre se detienen delante de un mismo “ornamento”. Un ornamento vivo, alegre, lleno de colorido, de ilusión… Es cierto que  observo a los novios, sus miradas cómplices y llenas de buenos propósitos, y que también curioseo la indumentaria de los invitados, pero, al final, mis ojos siempre se detienen en el mismo punto.  

Mis lectores conocen mi debilidad por el mundo de la infancia. Un mundo de luz, de esperanza, de alegría, donde baila la fantasía y la realidad. 

Observo a los pajes y admiro la belleza de sus trajes: fino terciopelo,  fajín de seda, zapato inglés, manoletinas, puntillas, lazos y adornos inspirados en la naturaleza… Observo su porte, su gracia, la altivez y señorío en los niños, la dignidad y la elegancia de las niñas. Observo sus gestos, naturales, espontáneos, llenos de vida, de sabor. Los veo de fiesta, solemnes. Felices.  

Intento entrar en el mundo infantil a través de los recuerdos de mi propia infancia, donde los zapatos o el color del vestido me hacían volar al País de las Maravillas. Recuerdo imágenes, símbolos, anécdotas. Y me visto de sueños. 

 

Pilar Álvarez del Manzano para “Leonor & Sofía”

 

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